La tormenta

Se acaban los días y llegan
rugiendo los aceros del calvario,
abriendo una cama en las tierras
sobre la que una flor llora sus pétalos.

En las raíces últimas de la sierra,
se despiden las dos últimas manos
mientras van rompiendo sus nombres
en los fuegos infernales de la tormenta.

Se acaban los días y escribo,
fuego y sangre de sus labios,
y tejo sobre el cielo con un hilo fino
un camino de ojos blancos.

En las altas cumbres del destino,
sus últimas voces estelares galopan,
despedidas de sus cuerpos sin lumbres
para perderse lejos de todos los caminos.

Se acaban los días y viene
el dantesco silencio trepando
por las frías pieles.

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